A un artículo en el diario.es que afirma que el
cristianismo se originó en la Judea palestina
Jesús de
Nazareth, si es que existió, sería en efecto un judío palestino, pero lo que es
más cierto es que él no creó el cristianismo (quizá de saber el pobre lo que se
había hecho de su legado se hubiera sin duda horrorizado); el cristianismo,
extinguido el primer núcleo liderado por Pedro, Santiago y demás, fue sin duda
ideado por Saulo de Tarso (Pablo), de Tarso, ciudad del Asia Menor, hoy
Turquía, muy ajeno a la Judea bíblica. Y fue diseñado con vistas a un proyecto
totalitario en ciernes, el Imperio Romano, al que le terminaría viniendo muy
bien una religión monoteísta, centralizada y totalitaria. Todo ello muy alejado
de la primitiva idea de renovación mosaica que significaron el mítico Jesús y
sus primeros seguidores, dispersados tras la diáspora, idea que se centraba en
la lucha contra la idolatría (el culto a las imágenes, luego retomada por Saulo
y sus seguidores por que les venía bien para su difusión entre pueblos gentiles
e idólatras, como los romanos y demás de la época) y el mandato del amor a los
pobres. Y así se generó lo que se generó: una organización centralizada,
jerarquizada, con una poderosa casta sacerdotal, restauradora de la idolatría y
entregada al servicio de los poderosos. Todo ello muy alejado del mensaje de
Jesús, si es que éste existió, allá en su Judea natal. Y mientras esta gran
mentira paulina se extendía ¿qué hacía Dios? Pues mirarse el ombligo de su
enigmática Trinidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario